
Agradecimientos a la UASLP y al coordinador de la carrera de Arte Contemporáneo Dr. Rodrigo Meneses y al coordinador de la carrera, Julio Aguilera por los trámites y apoyo para la realización de esta actividad.
Uno de los “atractivos” de mis clases de antropología es que propongo jugar al “trabajo de campo” a los estudiantes de medicina o de arte (o de otras disciplinas). Nos vamos a un lugar etnografiable (pero seguro) sin arriesgar mucho. La idea es que confronten en sus cuerpos (y mentes, si es que la mente es distinta al cuerpo) la realidad social.
Así que propuse irme con los estudiantes de arte del CUARC (UASLP) (generación 2018) a visitar una zona arqueológica en la Sierra Gorda (entre los límites de Querétaro y San Luis) que se llama Tancama. Se hizo una lista de 19 alumnos. Por lo que desde el principio consideré 20 asistentes (yo, además).
Despúes de los líos administrativos de siempre (formatos de seguros, cotización del transporte, solicitud de apoyo, etcétera) ya estábamos más o menos listos, cuando Rodrigo Meneses me solicitó subir la información a la página face de la generación. El aviso de que al final el costo del boleto fue más barato y que el trabajo final para los que no asisitieran consistiría en un ensayo de 6 cuartillas hizo que en cuestión de horas y sin que yo me diera cuenta aumentara el número de asistentes al viaje. Dammit.
A las 7 am, afuera del CUARC, estában 16 de los 22 estudiantes y las dos camionetas con capacidad para 14 y 6; bien pronto llegaron 5 estudiantes más. Puaj. A las 7.35. am salimos, con un pasajero extra sentado en un pasillo (yo). Ya, rumbo a la carretera a Rioverde (entró la llamada de un estudiante rogando alcanzarnos) y una estudiante convencía (¿o era convencida?) a su novio de acompañarnos. Bueno, pues no era posible, porque por una razón muy extraña éramos más estudiantes de los enlistados originalmente. El estudiante extra, (“el Alex, para los camaradas) que llegó crudísimo, se tuvo que sentar en el pasillo conmigo. No sé por qué, ir de espaldas me generó mareo y no pude leer una letra en el camino y me revolvió el estómago. Mario iba leyendo a Baudrillard y Emilia a Adorno. Yo, que traía mi Levi-Strauss en mi tablet miraba con envidia cómo estos leían y bailaban reguetón, al mismo tiempo y sin marearse. Tampoco sé cómo le hice para llegar a Rioverde sin vomitar, por las curvas y por la música.
9.15 am. Llegamos a Santa Catarina. Ahí, don Esteban un anciano me preguntó que si yo sabía por qué habían desaparecido el Seguro Popular. Le dije que fuera al DIF para que le ayudaran con las cataratas de sus ojos. Me preguntó a dónde íbamos, le respondí y me dijo que sí conocía Jalpan pero que nunca había escuchado el término Sierra Gorda, lo cual me recordó una entrevista que realizamos en San Ciro, cuando un señor me dijo que en un programa lo tenían ubicado en la región Sierra Gorda y él no sabía qué era eso.
10.34 am. Desayunamos en la desviación hacia San Ciro, en establecimientos distintos. Los estudiantes se dieron vuelo con las “marranadas” (elotes en bolsas). Yo me comí una migada de lomo, no estuvo mal. Ahí hice cobro del dinero, para que no se lo gastaran antes de que me regresaran mi lanita. Uno o una de los chic@s no me pagó. Tengo una lista, pero no he querido investigar quién es.
A las 2.00 pm ya estábamos en Jalpan, y a las 2.34 pm, después de un ligero extravío, en la actividad en Tancama. No había visto la Sierra tan seca, nunca jamás. Entiendo que los campesinos dividen el tiempo en seco y húmedo (los citadinos lo dividimos en frío/ caliente).
Ahí conocimos (más bien yo lo conocí, porque los estudiantes ni lo pelaron, errores novatos de creer que estas personas no tienen importancia o conocimientos) a don Rigoberto Trejo, encargado del sitio arqueológico quien vivió mucho tiempo en la CdMx, y donde conoció a su esposa. Regresó a la Sierra Gorda (a Tancama) y no a Pinal de Amoles (donde es originario). Porque su papá nunca le pudo heredar una tierra. Siempre fueron desposeídos. Es huérfano, de madre a lo que me dijo: “lo más triste es cuando uno ya no tiene a su mamá”. Me explicó también, que antes llovía más, lo cual explica que los habitantes del sitio no requirieran estar cerca de fuentes de agua. Aun pienso en esto: quizá ya había jagueyes (y en el sitio había “fuentes”).
La actividad consistió en recorrer la zona arqueológica y poner atención al lugar, debido a que se encuentra en una de las regiones con mayor biodiverisdad del país, que el sitio fue un sitio huasteco, por lo tanto era maya. Había que poner a todos los detalles del paisaje. El lugar era un museo, y que tenía un discurso museístico. Que en la antigüedad el sitio fue construido con el ejercicio del poder y había sido hecho para impactar. Qué otros discursos habitaban ese espacio, por ejemplo el Estado-Nación de México, qué intenta decirnos ahí.
El sitio es muy parecido a todos los sitios arqueológicos que mantiene el Instituto Nacional de Antropología e Historica (INAH). Lo primero es un estacionamiento. Un lugar de recibimiento, donde hay un libro de registro. Luego, un pequeño museo (una explicación muy sencilla del sitio) y el recorrido por las estructuras desenterradas y restauradas.
En el estacionamiento, es un lugar de sedimentos. Ahí están los baños, los basureros, el libro de registros, las piezas que los turistas van recolectando y honradamente regresan a la administración y una mesa donde hay unas monedas y billetes que de alguna manera dicen “deje aquí su amable propina por favor”. Las plantas que los cuidadores del sitio cultivan.
Se sube al sitio siguiendo un sentido dextrógiro. El lugar se compone de tres terrazas escalonadas, y en cada una de ellas hay un complejo arquitectónico y se observa un paisaje distintos. Aunque, como un alumno se dio cuenta, el lugar está completamente rodeado de cerros. Este escalonamiento de terrazas artificial, de todo a todo, parece imitar, sin embargo, la composición de los cerros que se encuentran en el horizonte norte del sitio. Un estudiante me dijo “la imitación del hombre a la naturaleza”. Órale, va.
La arquitectura de las edificaciones es maya. La principal de ellas, cuenta con el famoso desnivel y tablero y además con una roca -como estela- frente a la escalinata superior. Los edificios presentan distintos tipos constructivos, piedras bola, lajas, piedras cuadrangulares, y paredes estucadas. Por todo el sitio se ven canales de agua, que al parecer tenían fines simbólicos (como fuentes y pilas). En la terraza superior hay un pequeño juego de pelota.
Respecto a las plantas y árboles, los árboles están plagados (no sé si sea el mejor término) de plantas epidifitas a las que llaman “orquídeas”. Echan flores rojas y amarillas. Hay sabinos, colorines, ceibas, jacarandas, mezquites, cedros, caobas, orejones, pemuches, además de árboles frutales como mangos, papayos, plátanos, guayabos, guajes. Plantas medicinales muchas, lavandas, mentas, yerbabuena y la mas ornamentosa de todas: el chamal. Un estudiante de rioverde que se llama Gael, lo reconoció, recordando a su abuela. Lo cual nos habla de que en otras épocas, el chamal quizá era más extendido.

En un palo hueco, devorado por las termitas, había un hoyo redondito hecho por un carpintero. En otro lugar, los estudiantes encontraron madrigueras de mamíferos grandes (¿tlacuaches, tuzas?), de todos modos, las lagartijas nos seguían por todas partes. Había piedras de construcción (rocas, ya lo sé) con rayas, qué raro. En varias partes del sitio se encuentran dibujos hechos en el piso con piedras. El más interesante está en la primera terraza. Parece el glifo de Pedernal. Otro, que se ve desde la estructura secundaria de la última terraza, parece el dibujo de un pene enorme que se proyecta desde el observador hasta el final del edificio.

En todo el recorrido hay unos maceteros cuadrados que resguardan árboles. Estos maceteros fueron hechos por los constructores del sitio… o reutilizaron los materieles para hacerlos. O bien, los árboles crecieron en esos lugares.
En una parte del recorrido observamos un montón de “piedras porosas”, que eran en realidad restos del estuco que no ha podido restaurarse. Muchos estudiantes se clavaron en la observación estética de las rocas, otros de las plantas… me pregunto si lograrán reunir todas esas percepciones, experiencias, volverlas conceptos y luego esos conceptos convertirlos es ideas que pueden vincularse o no con críticas, saberes y teorías del arte.
Yo caminaba por ahí, miré una ceiba. La tomé y me espiné. Inmediatamente me brotó sangre del dedo. Caminé unos metros más y subí a la estructura principal donde me encontré unas lajitas de obsidiana. Ahí está una placa que explica cómo eran los aretes de la princesa huasteca que gobernaba el lugar: eran unas mariposas chupando néctar. La tarde empezaba a ceder. Apenas la luz mejoraraba las fotos.
Pude interactuar con algunos. Aldo que parece estar muy leído sobre cine. Aurora, Cali, Caro, Gael, Leonardo, Edson y otros adquirieron la postura de investigación. Se veían retechulos preguntándose cosas sobre el sitio. Me decían cosas como “el lugar tiene plantas de humedad, pero todo está seco…”, “encontramos unos jitomates cherrys…”
Al reunirnos otra vez en la entrada del sitio. Nos dimos cuenta que don Javier (el chófer) había invertido esas tres horas en hacer composiciones rocosas, “parar piedras” le dice él. Pasatiempo que ha desarrollado en sus años de chofer (y de tener que esperar turistas).

Nos tomamos la foto del recuerdo. Al salir, don Rigo, me detiene y me muestra una planta que da “bolas de gato”, me enseña a comer una y saben ¡a tomate con chile! Regresamos a Jalpan para comer y terminar de hacer el registro de ahí. Yo me fui a comer paletas de hielo, un par de taquitos de aquí y de allá, un pan, una jícama, un jugo de caña. Compré otro cacto.

En una calle observé una fuente con un angelito músico y recordé el trabajo de Heidi Chemin. Pensé que quizá, por alguna razón, algunas formas se reproducen con la lógica del inconsciente.
Mientras me comía mis paletas, observaba a la gente salir de misa (muy arreglados) iban saliendo como de una boda. Unos señores mayores me observaban con desconfianza. Luego me encontré a unos estudiantes que me dijeron que al entrar al templo fueron muy mal vistos porque entraron a una boda. Aquí claramente se nota la confrontación de intereses, a los locales les encanta que su pueblo sea “mágico” en la medida que llegan turistas a dejar dinero a la localidad; pero detestan a los turistas que llegan a irrumpir sus eventos importantes. De igual manera, a los turistas les encanta ver las tradiciones locales, pero solo las que ya no son vigentes (folclore) porque las tradiciones vigentes las pueden profanar todo lo que quieran.
La pregunta es ¿qué es distinto lo que hicimos del turismo? ¿qué separa al investigador del turista?
De pronto vi cómo unos alumnos (omito los nombres) eran cuestionados por un policía municipal. Me acerqué y el policía me explicó que le “había pedido a la señorita que se cubriera porque le podían faltar el respeto”. Le agradecí la recomendación y les dije a los chicos que los veía en 20 minutos para irnos. Me pregunto, quiénes estaremos más mal… nosotros por irrumpir las costumbres de un lugar (siempre me he sentido mal por los turistas que llegan con sus costumbres a irrumpir la tranquilidad de un lugar) o ellos (los policías) por machistas y espantados.
El atardecer fue magnífico.
Al regresar, el despachador de la gasolina (en Rioverde) leía Los conceptos fundamentales del materialismo histórico de Martha Haernecker.
En esta ocasión, todos los grupos jalaron cada uno para su lado. Unos fueron a explorar las cantinas más lejanas del grupo, otros fueron a comer a los restaurantes con mejor vista, otros garnachearon. Solo un grupo me ofreció pan del que compraron. Ahora entiendo que grupos tan grandes de estudiantes (más o menos 30) se terminan organizando en pequeñas comunidades de 5 o 6. Les cuesta mucho trabajo romper con la tradición profesor-alumno y también interactuar entre grupos. Me pregunto qué tanto la clase, o los intereses artísticos los unen.

Moraleja: repartir entre los estudiantes dípticos informativos sobre las propiedades diuréticas de la cerveza.




































































































La verdad es que hoy en día es muy difícil poder vivir de una buena manera sin ninguna restricción para…