
Como Pavel Hroch está en México (en Michoacán) fotografiando en Cherán, nos dimos la oportunidad de documentar dos o tres jaripeos en San Luis Potosí entre el 27 y el 30 de diciembre 2019, pero ocurrieron varios pormenores previos:
1. El “ratón” (el chevy) quedó destrozado del eje, porque un borracho le pegó este 24 de diciembre y no pudimos irnos en él. (Le dedicaré un post a las “hazañas” del ratoncito).
2. No tuve tiempo -ni mucha creatividad- de buscar jaripeos. Así que casi a última hora obtuve información del “Vaquero Potosino” ( https://www.facebook.com/Vaquero-Potosino-297576357753199/ ) y de Alexa Turrbiarte (alias Mapuche T.). Marisol -otra estudiante cercana a los jaripeos no pudo ser contactada.
A última hora, Pavel viajó de Michoacán a San Luis, llegó el día 27 de diciembre y se hospedó en el Hotel Hikuri. En la noche planeamos nuestra salida. Al no haber vehículo, la idea era irnos en autobús, pero la movilidad entre ranchos se nos iba a complicar mucho. Así que decidimos buscar amigos que nos pudieran rentar/ prestar una camioneta. Como sucede en estos casos, no abundan los amigos que nos puedan prestar un vehículo para 3 días de trabajo de campo. Afortunadamente mi amigo Jonás Barranco nos prestó una camioneta a cambio de que le pusieramos un “permiso” de tránsito y una batería. Y aunque fue muy difícil conseguir esas condiciones -desde las 9.00 am buscamos baterías y tramitamos el “permiso”- pudimos salir hasta las 3.00 pm, no sin contratiempos. La camioneta funcionó estupendo todo el viaje.
Llegamos a Cerritos, primero a hicimos una parada obligada en los sanitarios de la caseta de peaje, ahí un chico afanador de los baños (esos son los mejores) me informó que el jaripeo del día siguiente se llevaría a cabo en Tanquito de Banda (y sugirió que el mejor camino era por ahí, por la caseta de Cerritos). De todos modos decidimos llegar a la agencia de la cervecería modelo -porque ahí llegan todos los chismes y noticias de los eventos que hay en los ranchos- y al preguntar, unos clientes que llenaron una camioneta de cervezas -y que se me hicieron conocidos- nos confirmaron: Tanquito de Banda era el lugar, pero para llegar ahí era mejor por el camino del Tepozán (ahí junto). Moriamos de hambre, así que fuimos a recorrer Cerritos y por primera vez, vi la feria del migrante. Visitamos tiendas de ropa e hicimos shopping: Pavel se compró una camisa tipo western que en su país ni en sueños le costaría 300 pesos; yo me vi muy tentado a comprar cualquiera de unos cinturones increíblemente bonitos que por ahí vi. Recorrimos el centro, el mercado y recordé a don Juanito. (debo escribir un post sobre él).
El el centro, entre los comercios me encontré a don Pedro, uno de los comerciantes mazahuas a quien apoyo en la lucha por el reconocimiento de sus derechos indígenas. Platicamos un buen rato. Luego cenamos taquitos de barbacoa, tripitas y bistec (de cerdo) estilo cerritos: la tortilla va frita y lleva cebolla acitronada. Luego le llegamos a los taquitos rojos (junto al templo) y de postre flan y chocoflan. Escuchamos los sones del “teatro del pueblo”: un apagado trío (de 4) huasteco tocó el Balajú (son veracruzano). Le expliqué a Pavel un poco de la complejidad de los sones. El evento organizado por el H. Ayuntamiento de Cerritos, era forzado, artificial y muy poco creativo, para muestra: unas flores de sotol horribles, pintadas de dorado y rojo como nochebuenas. Nos hospedamos en una posada, en donde nos atendieron muy bien (y fue muy barato). Viendo un busto, Pavel me preguntó si seguía en pie el proyecto de fotografiar y documentar lo más horrible de San Luis Potosí (y sí, sí sigue en pie).

Salimos corriendo a Tanquito de Banda. Iba yo muy contento manejando hacia el Tepozán y Pavel me recordó con uno de sus dichos checos “zsehco smszertzsgo samsa” que la “boca perezosa pierde el camino”, así que le pregunté a una señora que iba en bicicleta quien nos dijo, que el mejor camino era por la caseta. Así que nos regresamos, volvimos a cruzar el pueblo, llegamos a la caseta, firmamos el paso, llegamos a un pueblo llamado el Tepetate, donde nos indicaron que un camino de terracería insufrible y que parecía que íbamos hacia la nada. Después de media hora de nervios llegamos a una carretera que nos llevó al Tanquito. Mas tarde nos daríamos cuenta que esa carretera pavimentada era la misma en donde nos encontramos a la señora.

Llegamos al Tanquito. Había un trailer descargando cerveza y hielo. Unos hombres nos siguieron con la mirada: ya estamos acostumbrados a ser marcianos. Vimos el templete y nos dimos cuenta que ahí estuvimos exactamente ¡hace 5 años! en la misma fiesta, en el mismo pueblo. Caminamos y junto a la cruz, había una señora de lentes que nos saludó. Luego seguimos pueblo abajo, y yo reconocí incluso una mata de flores que siempre me ha llamado la atención. En el pueblo nos dijeron que los “delanteros” (organizadores) estaban en el corral (o sea, a donde llegamos) y nos regresamos. Al hablar con ellos, ¡nos reconocieron! ¡Y claro que nos dejaron fotografiar de nuevo!
Le he dicho a Pavel, lo que le digo a mis alumnos “El lugar lo escoge a uno, y no uno al lugar”.
Como era muy temprano (9.30 am) y las reinas salian hasta las 13.00 h decisimos regresar a Cerritos a desayunar y nos fuimos al mercado. ¡Me encontré a la hija de don Juanito! Desayunamos menudo y taquitos, luego fuimos al café “Chelo” al que yo le tenía muchos buenos y gratos recuerdos (como el día que me encontré al Dr. Carlos Casas ahí) pero nos atendieron de muy mala gana y mejor -como clientes indignados- nos fuimos. Nos encontramos con un café muy agradable y alternativo (alternativo para Cerritos) donde nos explicaron que el café americano era el café negro, el cual era afortudamente de cafetera. Ahí dejé olvidada mi mochila de campo.
A las 13.00 h ya en el Tanquito de Banda, me doy cuenta que dejé olvidada mi mochilita de campo (en donde van: el libro que estoy leyendo, mi diario, mis plumas, mi usb y mi mezcalito). Dejo a Pavel fotografiando reinas de jaripeo y me regreso a Cerros a buscar mi mochila. Recuerdo una imagen, yo indignado poniendome la mochila, cuando me dicen en el restaurante Chelo que no nos van a servir solo un café… lo que significa que la dejé en el otro café.

Al llegar al Jaripeo me cobran $150.00 pesos (y me quieren cobrar el de Pavel también) porque me dicen que va a meterse con las reinas y no va a pagar… el señor tiene razón, pero me duele el codo y le digo que le cobre a él. Paso yo, y primero veo los puestos, no sé por qué se veían tan bonitos, la comida lucía apetitosa: tortas rellenas de lomo, taquitos y gorditas de chorizo y la moda: aguas frescas de colores obscenos (fosforescentes, como aguas radioactivaas) [tengo que hacer un post sobre los colores] y pienso que quiero comer en todos los puestos, me va a faltar panza.


Los corrales increibles, los animales feroces. Intento hablar con algunos ganaderos. Regreso y empiezo a tomar cervecita, ya en mi lugar. Con mi diario, hago mis apuntes de mis reflexiones y empieza el jaripeo: la entrada de las reinas, que en este caso son tres chicas vestidas como de chinapoblanas, “mexicanas” y con una bandera mexicana. El típico rezo -que a Pavel le encanta, porque se le figura un “ritual”- y empieza a tocar el conjunto, el animador -narrador- y empiezan las montas. Una de las fotos, le puse “haciendo patria”, no sé por qué me recordó a la imagen de la Patria Francesa o del libro de texto.
El Jaripeo empezó medio vacío y se fue llenando. Dicen que cada vez empieza más tarde. Llegó el conjunto que iba a tocar en el baile para instalarse. El templete era espectacular. La cerveza corría como agua de uso por todas partes. Pavel corría para un lado y para otro tratando de captarlo todo: los jinetes de a caballo, el momento cuando el jinete cae sobre el toro, pero es imposible. Yo, bien tranquilo, en mi grada, en una posición privilegiada: con mi cervecita, el mezcal, mis plumas y mi diario de campo viéndo los colores, los cerros de fondo, las luces y cómo ahí en esa marasma de animales y gente, las mujeres eran muy mujeres y los hombres muy hombres. ¡Cuántas preguntas! En un momento me dio hambre y frío. Fui por mi chamarra a la camioneta y luego deambulé por las tortas y las gorditas de chorizo, que además van fritas. Un agua de horchata de un rosa chocantísimo y de regreso a mi mezcalito.
Al finalizar, platicamos bien a gusto con don Victor Torres, organizador del jaripeo de la comunidad. Sus proyectos, las dificultades, le agradecimos, veremos después qué haremos ahí en ese pequeño lugar de la zona media.
Santo Domingo
Nos quedamos en cada de don Mayo y doña Flora Hernández, pero cenamos en casa del Bebe taquitos de huevo con chile rojo… deliciosos. Dormimos. Al día siguiente, a saludar a la poca gente que se podía (el tiempo siempre me come). Pero desayunamos menudo de doña Chaga, y pollos de Mauricio. Ay. Sí somos tragones.
El Granjenal, el Jaripeo multitudinario
A mediodía salimos para El Granjenal (que es un matorral que da naranjitas). En el camino Pavel me pidió que le explicara mi proyecto de Discapacidad y no funcionó, porque creo que le molestó que le dijera que “no sabemos qué es discapacidad”. Al llegar al corral, buscamos a los organizadores. Los vendedores de cerveza nos trataron bien mal, y no nos quisieron orientar, Pavel pensó que se querían hacer los importantes. Yo me puse a buscar señal de celular Movistar (Movistar tiene la peor cobertura rural y no sé por qué sigo con ellos si son tan malos para el travail du terrain) y le pedí a Pavel que buscara a alguien con cierta autoridad, al poco rato regresó bien contento señalando que encontró a “una encargada”: una chica que con mucha desconfianza nos dijo “y yo cómo sé que las fotos las quieren para un libro… porque ahí hay niños” entonces le mostré la identificación del COLSAN y un chico dijo “aaah sí, es del posgrado”. (Y yo con cara de ¿what?, pensé que me iba a preguntar por mi marco teórico). Entonces nos dejaron tomar todas las fotos que quisieramos. Pavel se fue a perseguir al desfile de las reinas (ahí vi a don Adrian, el famoso camarógrafo que graba todos los eventos de Cerritos, Villa Juárez y Rioverde, que apenas me recordó cuando le dije que era amigo del Bebe) -creo que ya cambié mucho.
De regreso al corral, me costó trabajo encontrar buen lugar. La sombra fue ocupada. Lo que quedaba era sol. Encontré un lugarcito con sombra y ahí me apostillé hasta el final del jaripeo. Mucha gente, creo que eran como 4 mil personas. Pusieron una media luna en donde se arremolinó la gente (en Santo Domingo la usan para poner ahí a los jinetes de a caballo). En este jaripeo me enfoqué en muchos detalles, la circulación de los objetos, los significados, las jerarquías y un detalle que he observado desde que vi mi primer jaripeo hace creo que 12 años: ¿la gente espera que ocurra un accidente Dios no lo quiera?
Y pues sí, en este jaripeo los toros parecían más fuertes y ágiles (ahora entiendo que entre más grande, el reparo del toro es menos violento) y todos los jinetes salían sacudidos por la fuerza de los animales. Hubo varias situaciones peligrosas: cuando el jinete cae, el toro hace todo lo posible por pisar a su contrincante, el jinete se echa las manos a la cara -en un gesto de protección en realidad inútil- y queda al azar dónde caen la patas del toro, así vi cómo de milagro, dos jinetes salvaron la integridad de sus costillas. Otro caso, un jinete golpeó sofocándose su abdomen contra la joroba del toro, el muchacho abrió los ojos, los brazos y la boca y cayó doblándose hacia atrás, apenas logro safar el pretil. El más grave un joven se golpeó la cabeza contra la cabeza del toro y salió muy descompuesto, el toro lo intentó cornar pero fue distraído por los jinetes de a caballo. Entonces, mientras los payasos le echaban aire con un sombrero, Pavel se lanza de un salto al ruedo para fotografiar la escena. Iba por la foto. Me impresionó.

Ahora pensamos que quizá será bueno organizar una exposición de fotos y yo debo ir construyendo los textos, que no serán académicos sino mitológicos.
















